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Tengo dificultades para el desarrollo profesional en mi organización. Me he creado una “fama” de ser excesivamente honesto y de no saber moverme con criterio en un entorno que a veces puede llegar a ser hostil. ¿Qué puedo o debo hacer? Marcos T (Tarragona)

En primer lugar creo que eres perfectamente consciente de que pasas cada día más tiempo en tu puesto de trabajo que con tu familia o tus amigos más íntimos. Esa cercanía diaria genera una falsa sensación de confianza que invita a bajar la guardia, y ahí es donde suelen empezar los problemas. Ser honesto en el trabajo es una norma razonable; contarlo todo, no. La transparencia exagerada con quienes convives cada día en tu entorno laboral no te hace más íntegro, solo más vulnerable. Ser honesto no es lo mismo que ser transparente

Hay una esfera privada que merece la pena preservar, y algunas situaciones concretas que exigen bastante más discreción de la que parece natural en el momento.

Lo que ganas, y lo que crees merecer

Comentar abiertamente sobre tu salario es casi siempre, una mala inversión. Salvo en organizaciones con una política real de transparencia salarial —algo poco habitual en el entorno latino, más frecuente en empresas anglosajonas—, comentar cuánto ganas incomoda a quien te escucha y te deja expuesto frente a tus superiores. Y decir que crees que mereces más tampoco ayuda si no lo acompañas de argumentos concretos: objetivos cumplidos, resultados medibles, referencias reales sobre bandas salariales. Las quejas en general, y las relativas a los niveles salariales, en particular pueden actuar claramente en tu contra. .

Tu vida en las redes, y tus problemas personales

Vomitar en redes sociales lo mal que te ha ido el día, criticar a tu empresa o a tu jefe, o exhibir una vida que no se corresponde con la imagen profesional que proyectas, tiene consecuencias que duran mucho más de lo que dura el desahogo. Los reclutadores rastrean las redes de forma habitual, y esas quejas quedan ahí para siempre, por ello necesitas pensar en que cualquier entrada en las redes deja una huella disponible para cualquiera que la busque.

Si decides quejarte por cualquier circunstancia, hazlo de forma concreta, basada en hechos y no en juicios, y directamente a quien corresponda, no en un perfil público. Y evita mezclar el rol profesional con los momentos de socialización informal: lo que dices de copas, en el gimnasio o en un evento con compañeros no se queda ahí, se incorpora a tu marca profesional igual que los contenidos que hayas incorporado en las redes sociales. .

Si vas a ascender, o si eres el favorito

El paisaje laboral es un paisaje distinto al resto de tu vida social, y quien hoy es tu compañero puede dejar de serlo el día que la relación laboral cambie de naturaleza. Conviene ir construyendo, con discreción, la credibilidad que necesitarás cuando el cambio sea oficial — sin alardear de lo que sabes, sin cambiar tu trato con nadie antes de tiempo.

Algo parecido ocurre si eres el favorito de tu jefe, su mano derecha. Puede darte una posición de privilegio real, pero exhibirla tiene un coste: para ti, porque el resto puede dudar de si tus méritos son reales o son favoritismo; para tu jefe, porque su ecuanimidad queda en entredicho; y para el resto del equipo, porque empiezan a preguntarse si pueden hablar con libertad delante de ti. Sea o no cierto, la sola sospecha ya deteriora la confianza del grupo.

Tu actitud cuanto estas gestionando tu trayectoria

Si buscas empleo desde tu puesto actual, la norma es clara: no lo digas, salvo que decidas conscientemente lo contrario y asumas las consecuencias de que se sepa. No permitas que nadie obtenga información o certezas sobre tu baja motivación para la continuidad en el proyecto común. El rendimiento no debe bajar hasta el último momento, y el compromiso aparente debe mantenerse intacto. Cuando finalmente consigas tu objetivo es el momento de informar con normalidad primero a través de los canales formales y después a los informales.

A modo de conclusión

Ninguno de los criterios que te propongo tiene que ver con ser deshonesto. Tiene que ver con entender que el entorno laboral, por muy cercano y cotidiano que resulte, sigue siendo un espacio con reglas propias, distintas de las que rigen tu vida privada o tus relaciones de confianza fuera del trabajo. Saber qué compartir, con quién y en qué momento no es cinismo — es, simplemente, gestionar bien la información que tienes sobre ti mismo en un entorno donde esa información, una vez compartida, deja de estar bajo tu control.

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