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Aunque se nos muestra un “foto” positiva nuestro mercado de trabajo sigue sufriendo “enfermedades” que resultan de difícil curación. La realidad es mucho más compleja, fragmentada, y está lejos de poder definirse como “un mundo feliz”.

Estas son, probablemente, las 10 características/enfermedades estructurales que mejor describen el momento actual.

1.- Persistencia del desempleo estructural

Seguimos manteniendo niveles de desempleo superiores a la media europea incluso en fases de crecimiento económico siendo especialmente preocupantes factores como: los niveles de desempleo juvenil, las dificultades de reinserción de determinados colectivos y la cronificación del desempleo de larga duración. Todo ello nos confirma que no estamos ante un problema coyuntural que debería de preocuparnos y/o ocuparnos de forma más intensa de la que lo estamos haciendo.

2.- Fuerte polarización del mercado laboral

El empleo crece sobre todo en dos extremos: de una parte, en las ocupaciones que exigen una alta cualificación y de otra con roles vinculados a servicios que no la demandan. Mientras tanto, muchas posiciones intermedias pierden peso o se transforman rápidamente. Hoy la dualidad crónica de nuestro marco laboral no sólo se basa en las condiciones contractuales sin en un contexto de desigualdad creciente de carácter salarial, territorial, digital y de acceso a oportunidades.

3.- Escasez de talento en sectores clave

Vivimos la paradoja de convivir simultáneamente con un nivel elevado de personas desempleadas y con una demanda empresarial que no es posible cubrir en la medida de que aquellas no tienen las cualificaciones y competencias requeridas. En este punto el problema ya no reside en la creación de oportunidades/empleos sino en encontrar las capacidades adecuadas.

4.- Desajustes entre contenidos formativos y las necesidades reales

Existe una desconexión creciente entre: el sistema educativo, la formación para el empleo y las demandas del tejido productivo. Muchas competencias quedan obsoletas rápidamente y los sistemas de actualización reaccionan lentamente. Un ámbito en el que constatamos que la velocidad del mercado supera con creces la capacidad de adaptación institucional.

5.- Crecimiento de la precariedad invisible

Aunque la temporalidad ha disminuido formalmente, siguen existiendo formas de vulnerabilidad laboral en términos de parcialidad involuntaria, rotación e inestabilidad en las contrataciones, rotaciones no deseadas, parcialidad involuntaria, bajos niveles salariales e incluso sobrecualificación, Todo ello genera dificultades objetivas para construir trayectorias profesionales coherentes y sostenibles. Hoy “tener un empleo” no supone en ocasiones garantía de estabilidad vital.

6.- Impacto creciente de la digitalización y la IA

La automatización y la inteligencia artificial están transformando: tareas, procesos, perfiles profesionales, y modelos organizativos. El cambio afecta a todos los roles laborales. El debate se centra no en si habrá transformación sino en la velocidad de ésta y de la profundidad de la adaptación que deberemos de realizar.

7.- Envejecimiento demográfico y presión sobre el relevo generacional

Hoy afrontamos la realidad del envejecimiento poblacional, con una reducción potencial de la población activa debida tanto a los procesos de jubilación masivo como a la baja natalidad de la que “disfrutamos” desde hace algunos años. Muchos sectores tendrán problemas de reemplazo de talento en los próximos años. Deberemos ocuparnos de atraer, activar, formar y retener a los empleados más jóvenes.

8.- Transformación de las expectativas laborales

Las nuevas generaciones valoran cada vez más aspectos “soft” en los ámbitos profesionales: aprendizaje, autonomía, conciliación, flexibilidad, propósito, sostenibilidad y salud laboral. El trabajo ya no se percibe únicamente como un elemento central en la vida humana y fuente de la estabilidad económica. Ello obliga a redefinir tanto los modelos de relación contractual como los criterios de liderazgo y la cultura organizativa.

9.- Fragmentación del empleo

La realidad laboral es profundamente desigual según los roles, sectores y/o territorios. Existen diferencias importantes en: oportunidades, niveles salariales, especialización productiva y disponibilidad del talento. Aunque podemos y debemos hablar de una “unidad de mercado” es cierto que esta debe de ser compatible con las múltiples realidades sectoriales y territoriales.

10.- Transición desde políticas pasivas hacia modelos de activación inteligente

Los servicios de empleo están entrando lentamente en una transición: de modelos administrativos a modelos basados en datos, de la unidad de servicios o la individualización, de las acciones puntuales al acompañamiento continuo y a lo largo de la vida. Pero el cambio aún es insuficiente frente a la complejidad actual. La gran transformación pendiente no es únicamente tecnológica, reside en cambiar los esquemas mentales y de servicio con el objeto de conectar perfiles, acciones formativas, orientación e inserción.

En resumen

La realidad del empleo entre nosotros hoy está marcada por la suma de diferentes aspectos. Desde la transformación tecnológica, los desequilibrios territoriales, la estructura demográfica, la escasez de talento, el desempleo estructural y la necesidad urgente de adaptación institucional. El mercado laboral no está simplemente evolucionando, sino que asistimos a un radical y completo cambio de lógica.