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Aunque el RD 633/2025 (Estrategia de Empleo 2025/2028) no menciona explícitamente la IA, la arquitectura que se define permite integrarla en los procesos de orientación.

Los elementos de esta “arquitectura” que si figuran en el documento son los siguientes:

Intermediación inteligente: abre espacio para herramientas algorítmicas que analicen datos de oferta y demanda laboral en tiempo real, facilitando “matching” personalizado.

Orientación automatizada y adaptativa: sistemas basados en IA podrían ofrecer itinerarios formativos y laborales dinámicos, ajustados a competencias y mercado.

Análisis predictivo para políticas públicas: usar IA para anticipar riesgos de exclusión o abandono y rediseñar servicios.

Evitar los riesgos: sin regulación ni inversión pública en IA responsable, el sector privado puede capturar esta función, generando dependencia y posibles sesgos algorítmicos no auditables.

Paralelamente la Estrategia representa una oportunidad para introducir innovación pública real, no solo en procesos, sino en estructuras. En particular:

Cooperación territorial: el principio de cooperación entre administraciones permite poner en marcha experiencias e iniciativas (laboratorios) adaptadas a contextos locales.

Innovación orientada a derechos: por primera vez, se reconocen servicios como derecho subjetivo. Esto obliga a repensar diseño, entrega y evaluación desde la experiencia usuaria.

Gobernanza basada en datos: el marco plantea cuadros de mando y evaluación continua, lo que habilita circuitos de mejora continua si se conectan a datos abiertos y participativos.

Nuevas oportunidades: impulsar ecosistemas de innovación intersectorial (empleo + datos + inclusión + empresa).

La propia Estrategia reconoce que implementar estas acciones exige una transformación profunda en la cultura organizativa del sistema público de empleo. Supone dar pasos en los ámbitos siguientes:

Del cumplimiento al aprendizaje: dejar de “cumplir indicadores” para empezar a generar valor social.

Nuevas competencias profesionales: se requieren perfiles con capacidades en análisis de datos, diseño de servicios, trabajo en red e inteligencia contextual.

Desburocratización real: aplicar gestión ágil, simplificación de procesos y empoderamiento del personal de primera línea.

Gestión del cambio: liderazgo distribuido, formación interna continua y espacios para experimentar sin penalización.

A modo de reflexión:

La Estrategia 2025–2028 abre una oportunidad única para transformar el sistema de empleo… pero sólo si conseguimos que se dote de mecanismos, herramientas y de una gestión que convierten al Sistema en una plataforma de innovación, inclusión y gestión adaptativa del cambio.

Los capítulos III y V de la Estrategia de Empleo 2025–2028 configuran una arquitectura estratégica coherente para el futuro del Sistema de empleo. Sin embargo, su éxito dependerá de la voluntad política de dotarle de capacidades para afrontar varios desafíos simultáneos: incorporar plenamente las oportunidades de la inteligencia artificial, avanzar desde los propósitos hacia resultados medibles, garantizar la coherencia entre objetivos y recursos en un sistema territorialmente diverso y promover un cambio cultural profundo en la gestión de las políticas de empleo.

En última instancia, el reto no consiste únicamente en mejorar las políticas activas, sino en construir un sistema capaz de anticipar y gestionar las transiciones laborales en una economía cada vez más compleja y dinámica.