Me acaban de proponer para un ascenso a una posición de liderazgo que llevaba tiempo esperando. Aunque estoy satisfecho me asusta la responsabilidad y el hecho de no saber estar a la altura de lo que se me pide. ¿Qué elementos o aspectos he de tomar en consideración para no fracasar? Javier F (Pamplona)
“En una organización todos los empleados tienden a ascender hasta alcanzar su máximo nivel de incompetencia” Este es el principio formulado en 1969 por Lawrence J. Peter.
La frase de este estudioso de las organizaciones sigue siendo citada con frecuencia por los expertos en liderazgo, quizá porque subyace una realidad perfectamente constatable: no siempre las personas que acceden a una promoción están preparadas asumir el rol de liderazgo.
Un error muy común es el de considerar que un profesional competente será, por el mero hecho de serlo, también un buen jefe. Pero dirigir es algo muy distinto, y las organizaciones no suelen preparar a sus empleados para este reto ya que se tiende a primar los conocimientos y la especialización sobre la capacidad para dirigir equipos. Muchos expertos reclaman que las organizaciones inviertan más recursos y se imparta más formación para que sus mejores jóvenes puedan asumir posiciones de liderazgo. De lo contrario tenemos el riesgo de convertir a un buen profesional en un mediocre supervisor.
¿Puede ser este tu caso? Esa falta de preparación es la razón por la cual muchos profesionales viven su ascenso no como la oportunidad laboral que representa, sino como una fuente de estrés y un motivo de infelicidad en el trabajo. Acabas de salir de un espacio de confort y te encuentras con la necesidad de dejar de asumir roles por los que se te valora a hacer que otros hagan.
La incapacidad para delegar es uno de los defectos más comunes en los jefes novatos y en los “malos jefes”. Inseguridad, ganas de demostrar o falta de costumbre pueden estar detrás de esta carencia. Ascender profesionalmente supone aprender a soltar o en otras palabras dejar de hacer todas las cosas uno mismo. Supone dejar a un lado los conocimientos técnicos y el control y aprender a confiar en que otras personas serán capaces de hacer lo mismo que hacías tú antes, pero a su manera, no a la tuya. Debes de superar de entrada el efecto y error más común que asumen los nuevos líderes:
Otra de las fobias habituales de los recién promocionados viene provocada por el vértigo de pasar a dirigir a los que hasta hace muy poco tiempo eran sus iguales. La complicidad o cercanía deben existir, pero no conviene confundirlas con la intimidad o la amistad. Ser compañero es una cosa; ser líder, otra. De igual manera debes asumir que en tu nuevo puesto vas a ser un aprendiz y que, de alguna manera, has vuelto a la casilla de salida. Y tranquilizarse, lo que supone asimilar que no te han propuesto para la posición para que tengas todas las respuestas sino porque serás capaz de hacer las preguntas adecuadas.
Al margen de solicitar a tu organización que te ofrezca acceso a programas de liderazgo, comunicación y/o mentoring aquí tienes una serie de errores que no debes cometer y que te pueden ayudar a superar con éxito el nuevo reto:
- Creer que porque la personas esta cualificada técnicamente tiene las habilidades para responder con éxito a las funciones de líder.
- No definir exhaustivamente las competencias requeridas para el puesto, teniendo en cuenta entorno, cultura de la empresa, visión y misión del puesto.
- No validar las brechas entre las exigencias del puesto y el perfil de la persona que se incorpora a él.
- No valorar adecuadamente el impacto de esta promoción en el entorno en el que va a desempeñar la función: equipo, colaterales, responsable, clientes, proveedores, etc.
- No acompañar al nuevo jefe durante el proceso de transición, definiendo un plan de desarrollo específico para asegurar la inversión.
Javier, te deseo los mejores éxitos a corto y a largo plazo.
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