Hace unas semanas, Enrique Dans publicó un artículo que probablemente mereció más atención de la que recibió. Su título: “Inteligencia artificial en Europa: más productividad, menos ruido… y una brecha que crece en silencio”.
No es un grito de alerta. Es un análisis sereno, basado en datos del CEPR, que desmonta dos mitos a la vez: ni estamos ante una destrucción masiva de empleo, ni ante una tecnología inofensiva que solo “ayuda un poco”. La realidad, como siempre, está en el término medio o en los matices. Según el estudio, las organizaciones europeas que adoptan IA registran, de media, un 4% más de productividad, sin evidencia de pérdida de empleo a corto plazo. Suena bien. Pero el dato clave no es el 4%. Es quién lo consigue.
La adopción no es uniforme. Es desigual. Mayor en grandes empresas que en pymes. Más rápida en países con mercados financieros desarrollados. No es “Europa” la que adopta IA. Es una parte que además se está distanciando.
Lo que me impacta de este análisis y de otros que venimos analizando desde la Fundación Ergon es que la transformación no llega con estruendo, sino con silencio. No hay despidos masivos ni conflictividad pública. No hay robots tomando oficinas. Hay una mejora gradual, una automatización de tareas, una reconfiguración sutil del trabajo. Y en ese proceso, quienes tienen recursos, formación y capacidad organizativa se multiplican. Quienes no, se quedan atrás. No por falta de esfuerzo, sino por falta de acceso.
Enrique lo expone con claridad: la tecnología sola no transforma. Lo que transforma es la capacidad de integrarla: inversión en software, en datos, en formación. Es decir, la IA no democratiza, al contrario amplifica las desigualdaddes. Y si la base es desigual, el resultado también lo será.
En el proyecto de puesta en marcha del espacio de datos EmpleData lo vemos cada día. Hay organizaciones que ya están formando a sus equipos, mientras empiezan a diseñar servicios con IA, gestionan datos con estándares interoperables, etc. Y hay otras que aún luchan con silos, con formatos obsoletos, con formación insuficiente. No es cuestión de voluntad. Es cuestión de capacidad de adaptación.
Y esto no afecta solo a las organizaciones. Afecta al mercado laboral. No implican necesariamente despidos masivos, pero si cambios en la estructura del empleo. Reducen las contrataciones de perfiles junior, presionan sobre aquellos/as que hacen tareas automatizables, generar primas o incentivos para utilizar la IA etc. No destruyen empleos (todavía) pero están modificando sus esquemas laborales. .
La pregunta, entonces, no es si la IA “quita trabajos”. Son las siguientes: ¿Quién diseña los procesos para que la IA amplifique, no reemplace?, ¿Quién tiene acceso a las herramientas?, ¿Quién recibe formación para usarlas bien? y ¿Qué hacemos con quienes se quedan fuera de esa curva? La IA no es el problema. Tampoco es la solución. Es un acelerador de las condiciones que creamos para que ella actúe.
Probablemente no estemos (todavía) al borde de un colapso laboral por culpa de la inteligencia artificial. “Pero sí está ante una encrucijada más sutil: permitir que el 4% de productividad se traduzca en mayor desigualdad entre empresas y trabajadores, o convertirlo en una oportunidad para rediseñar formación, financiación y organización del trabajo. La diferencia entre ambas opciones no la decide el algoritmo. La decide la política económica y la estrategia empresarial” Estoy completamente de acuerdo con estas afirmaciones de Enrique, aunque yo le añadiría -también nosotros mismos con las actitudes que adoptemos en nuestro entorno vital-
No estamos al borde del colapso, pero si en una encrucijada. Podemos facilitar el incremento de la desigualdad o usarla como palanca para rediseñar la formación, la financiación, y la gobernanza de los datos. La diferencia no la marca el algoritmo. La IA no actúa sola ni en un entorno específico. Su impacto dependerá de las decisiones que tomemos desde la política y desde la estrategia, pero también desde las actitudes que adoptemos a nivel individual y colectivo.
PD.. Estas reflexiones están inspiradas las que Enrique Dans formula en https://www.enriquedans.com/2026/02/inteligencia-artificial-en-europa-mas-productividad-menos-ruido-y-una-brecha-que-crece-en-silencio.html
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