En el primero de los posts de esta serie planteo que Hein de Haas, uno de los principales investigadores en sociología de las migraciones, se ha dedicado en los últimos años a cuestionar con rigor empírico los clichés y prejuicios que alimentan el debate político y mediático sobre inmigración.
Su tesis central es que la migración no es una anomalía ni un problema coyuntural, sino un fenómeno normal, constante y previsible en la historia de la humanidad, aunque generalmente a su alrededor se hayan construido “mitos” que distorsionan la percepción pública, dificultan el diseño de políticas eficaces y alimentan tanto el alarmismo como las falsas promesas.
Haas identifica y cuestiona una serie de mitos fundamentales: la idea de que vivimos una “invasión”, la creencia de que la pobreza impulsa la emigración, la visión de que las fronteras están abiertas, (que he analizado en el primer post accesible en ________________), mientras que a continuación encontraréis el análisis a los dos últimos mitos. A saber: el temor de que los migrantes sobrecargan a las sociedades receptoras, y la suposición de que la migración es un camino sin retorno.
4.- El mito de la carga económica
Una de las mayores fuentes de polémica es la percepción de que los inmigrantes “roban” empleos, bajan salarios o sobrecargan los servicios públicos. Hein de Haas muestra que esta posición, recurrente fundamentalmente en épocas de crisis, carece de fundamento sólido.
En términos laborales, los inmigrantes suelen ocupar nichos que los trabajadores locales no cubren, ya sea por condiciones de precariedad, estacionalidad o falta de atractivo. Su llegada, por tanto, tiende a complementar más que a sustituir la mano de obra autóctona. Además, a medio plazo, la inmigración dinamiza sectores enteros de la economía, al aumentar el consumo y crear nuevas oportunidades de empleo.
Respecto a la fiscalidad y el estado del bienestar, los análisis comparativos, muestran que los inmigrantes suelen aportar más en impuestos y cotizaciones de lo que reciben en beneficios. Esto es especialmente significativo en sociedades con envejecimiento poblacional, donde los migrantes contribuyen a sostener los sistemas de pensiones y salud.
El mito de la carga económica también pasa por alto que muchos de los costes atribuidos a la inmigración son, en realidad, consecuencia de la falta de políticas de integración adecuadas. La marginalización o la precarización no son inherentes a la migración, sino al modo en que las sociedades receptoras gestionan la inclusión.
5.- El mito del retorno imposible
Existe la percepción de que la migración internacional es un camino de no retorno: quien se marcha, lo hace para siempre. De Haas cuestiona esta visión mostrando que, históricamente, gran parte de la movilidad ha sido circular o temporal.
Muchos migrantes se desplazan con proyectos definidos: trabajar unos años, ahorrar, enviar remesas o financiar la educación de los hijos, para después regresar. En contextos como los programas de trabajadores invitados en Europa en los años sesenta o las migraciones hacia el Golfo Pérsico, la movilidad de ida y vuelta fue la norma.
Lo que ha cambiado no es la voluntad de retorno, sino las condiciones impuestas por las políticas migratorias. El endurecimiento de las fronteras ha dificultado la circularidad, incentivando la permanencia. Antes, era relativamente sencillo cruzar y volver, lo que favorecía movimientos flexibles. Ahora, el temor a no poder regresar empuja a muchos migrantes a asentarse y reagrupar a sus familias, incluso si su proyecto inicial era temporal.
La idea del “retorno imposible” desconoce la capacidad de agencia de los migrantes, que toman decisiones estratégicas en función de contextos cambiantes. Para muchas familias, la migración es una herramienta dentro de un ciclo vital, no un punto de no retorno.
Reconocer esta dimensión permitiría diseñar políticas más abiertas a la movilidad circular, reduciendo tensiones y facilitando beneficios tanto para países de origen como de destino.
A modo de conclusión:
Puedo entender que muchos de mis lectores os planteéis si esta posición es “buenista” y no toma en cuenta otros aspectos “negativos” del fenómeno migratorio. En cualquier caso, aquí está el análisis para provocar el debate.
En todo caso creo resumir lo que he formulado centrando la idea de que la migración no debe entenderse como un problema excepcional ni como una solución mágica, sino como una realidad estructural y normal en la historia de la humanidad. Las personas han migrado siempre y seguirán haciéndolo, en proporciones relativamente estables.
Los mitos que rodean el fenómeno: la invasión, la pobreza como motor, las fronteras abiertas, la carga económica y el retorno imposible, son probablemente construcciones ideológicas que simplifican una realidad compleja y alimentan agendas políticas. Su persistencia genera políticas ineficaces, injustas y a menudo contraproducentes.
Sin embargo para el propio Haas, desmontar los mitos no significa negar los desafíos reales de la migración, como la integración, la gestión de la diversidad o las tensiones en la oferta de servicios públicos. Pero sí implica basar el debate en datos y no en percepciones distorsionadas.
En definitiva, lo que propone en sus textos y específicamente en su libro “Los mitos de la inmigración” es una invitación a desideologizar el debate y a reconocer la migración como parte inherente del desarrollo global. Solo así podremos superar el ciclo de miedos, falsas soluciones y promesas incumplidas que ha dominado la política migratoria en las últimas décadas. Comprender la migración como fenómeno normal es el primer paso para diseñar políticas más humanas, pragmáticas y sostenibles.
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