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No todos los procesos de transformación son neutros. En esta reflexión me propongo analizar cómo puede utilizarse la tecnología para el control social.

Hemos de ser conscientes de que éste es uno de los grandes debates que tenemos hoy en el mundo. Un debate que entronca con el concepto de democracia y el uso/abuso del ejercicio del poder. Un debate que se ha puesto de relieve con mayor impacto con motivo de las acciones realizadas por el Presidente Trump en EEUU.

Enrique Dans pone el ejemplo de China en https://www.enriquedans.com/2018/02/el-control-social-como-herramienta-politica.html “China continúa avanzando, sin el más mínimo complejo, en el desarrollo de la mayor herramienta tecnológica de control social jamás desarrollada por el hombre. Desde la llegada al poder de Xi Jinping en marzo de 2013, el gobernante ha mostrado una fortísima obsesión por el control: ha reforzado los conceptos de unidad interna y disciplina en todo el partido, ha puesto en marcha una enorme campaña contra la corrupción, y sobre todo, ha reforzado la vigilancia de la sociedad civil y el discurso ideológico hasta el límite, lo que incluye la censura en internet como herramienta fundamental”

El ejemplo chino muestra que la censura y el control implantado es un rasgo que se toma como una seña de identidad y como un modelo diferencial que se fundamenta en un supuesto derecho de soberanía en el que “la democracia y la libertad de información no son (…) una obligación o un objetivo hacia el que hay que evolucionar necesariamente” En este caso la libertad en la publicación y circulación de los contenidos es vista como amenaza al desarrollo y a la estabilidad política de este país que, recordemos, se convertirá, si no lo es ya, en la primera potencia económica mundial.

China no deja de ser más que una muestra (en todo caso la más relevante pero no la única) de que estamos entrando en un modelo de control y de vigilancia con el objetivo de mantener la estabilidad en las estructuras políticas. Un modelo que plantea cambios sustanciales sobre lo que aceptamos y estamos acostumbrados a vivir en las sociedades occidentales. “Durante mucho tiempo, la mayor parte de los países del mundo han evolucionado para considerar la democracia como un valor fundamental en sus sociedades y en su forma de gobierno, como un requisito indispensable, (…) Que China no es un modelo de democracia es más que evidente, que el modelo adoptado por el que va a ser, sin ningún género de dudas, el motor económico mundial en el futuro más próximo, puede y de hecho es un formato a intentar adoptar/copiar por muchos de los países en procesos de desarrollo y también por algunas de las sociedades democráticas más avanzadas es una certeza que hoy ya nadie es capaz de poner en cuestión”.


Existe un riesgo de que se utilice la fuerza y la potencia de la tecnología para ejercer un control social que choca claramente contra los principios de transparencia, derecho a la información y libertad de expresión inherentes al concepto de democracia.  


Lo que probablemente llevará a crear un modelo basado en la restricción de las libertades individuales completamente incompatibles con los derechos humanos o con un mínimo umbral de calidad democrática. Un modelo que supone un ataque frontal a los estándares mínimos de calidad democrática.

¿De qué estamos hablando?. El propio Enrique en https://www.enriquedans.com/2017/11/el-problema-no-es-internet-es-otra-cosa-mucho-mas-preocupante.html formula sus hipótesis en los términos siguientes: “¿Estamos hablando de un problema de internet? No, hablamos de un problema de la naturaleza humana”. Un problema que afecta tanto al control político como a las diferentes nuevas formas de delincuencia que se están desarrollando como consecuencia de la ausencia de regulación en determinados entornos. Porqué no lo olvidemos la regulación y el control no son incompatibles con el concepto de transparencia. Cuando por otra parte nos enfrentamos a un problema y a unas necesidades globales que no entienden de fronteras de todo tipo con normativas que fundamentalmente son de carácter nacional.

“No parecen existir tribunales ni jueces suficientes como para solventar los problemas que detectamos en internet todos los días, y si existiesen, se verían confrontados con una realidad compleja de fueros y sistemas judiciales nacionales tratando de mala manera de operar en un entorno global y sin fronteras. Lo que un estado intenta definir como un comportamiento execrable y encuadrar en un tipo penal evidente que sin duda ya existía, en otro estado está completamente sin legislar, o se sitúa en un limbo en el que las leyes resultan de imposible aplicación”. Y mientras tanto “los mecanismos sociales de control, elementos como la reputación o la censura social que a otra escala y en otros períodos históricos se han convertido en elementos que ponían relativo coto a determinados comportamientos, tampoco funcionan, porque no se desarrollan con la necesaria velocidad. Cuando un individuo malintencionado encuentra una manera de aprovecharse de una plataforma determinada, la mayor parte de la sociedad ni siquiera es capaz aún de entender qué es lo que está haciendo”.

¿Debemos preocuparnos por lo que puede ocurrir? ¿Cómo podemos reaccionar cuando no existe un control (del ejercicio o abuso de éste)? y ¿Cómo debemos de responder cuando éste tiene un carácter institucional impulsado por una determinada estructura o clase política que ostenta el poder? Sobre este punto creo que puede ser de interés seguir los postulados que el mismo Enrique formula en https://www.enriquedans.com/2017/10/cuando-la-vigilancia-se-vuelve-algoritmica.html. Un texto en el que formula sus reflexiones respecto al hecho de que el control no sea ejercido por determinadas personas con objetivos más o menos interesados, para ser ejercido por unos sistemas de algoritmos más o menos desarrollados y entrenados para ejercer simplemente un control social.

Debemos de estar vigilantes y tomar consciencia de que no es lo mismo digitalizarse que transformarse. Sobre todo cuando constatamos que el proceso de digitalización se hace con el objetivo de ejercer un control social. Cabe no obstante esperar que la tecnología tenga la posibilidad de escaparse a este control.