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Hace algunas semanas en mi último post sobre Catalunya, afirmé que a menudo lo más probable es que todo aquello que se rompe no pueda arreglarse.

Este era el argumento central del post http://pauhortal.net/blog/lo-que-se-rompe-no-puede-arreglarse/ y en el que formulaba la demanda de que finalmente pudiéramos “arreglar el descosido”, algo que no parecía fácil.

He vivido y observado todo lo ocurrido en estas últimas semanas/meses y no me he podido resistir a reflexionar, una vez más, sobre este «asunto» en este blog. Una reflexión que se publica a las 6,00 AM de hoy 21 de Diciembre (por tanto antes del inicio de la jornada electoral y sin tener ningún conocimiento sobre su resultado). Una jornada donde parece que pueden ocurrir muchas cosas, empezando la posibilidad de que se registre una participación nunca alcanzada en ningún otro proceso electoral en Catalunya.


Una jornada en la que, desde mi punto de vista, y a largo plazo lo probablemente menos relevante sea el resultado final.


No debemos esperar que un resultado electoral sirva por sí sólo (sea cual sea el resultado final) para “recoser” lo que se ha «roto» después de los hechos del 01 de Octubre, la ulterior “declaración de Independencia» y la toma del control de la Generalitat por el Gobierno Central vía articulo 155.

A pesar de todo lo que se esta manifestando y escribiendo públicamente en estos últimos días de campaña la situación de ruptura entre Catalunya y el resto del Estado esta mucho más consolidada, si cabe, que hace 10/12 semanas.  Las razones son varias y diversas: la violencia vivida, la situación de los presos, las dinámicas de la propia campaña, los intereses personalistas etc. Sin embargo no debemos de caer en la desesperanza y de ahí el título de este post. Una posición que, de todas formas, parte del reconocimiento de esta situación real de ruptura (digan lo que digan algunos miembros de la clase política y muchos medios de comunicación) y de que, al margen de otras consideraciones, (económicas, psicológicas, y sociales), costará mucho recoser (si ello llega a ser posible).


La única certeza es que esta crisis tiene y tendrá un brutal impacto en nuestras vidas (en todos los ámbitos), impacto que, sin ninguna duda, pagaremos entre TODOS.


A pesar de ello y como siempre tiendo a ver más el vaso medio lleno que medio vacío os confirmo que tengo la esperanza (aunque hoy mis expectativas estén en el punto más bajo desde hace muchos años) de que, finalmente, nuestra clase política (la de TODOS)  tome consciencia de la realidad, deje de engañarse a sí misma y al resto de ciudadanos y se dedique a hacer su trabajo que no es otro que el de “hacer política”. Unas opiniones que he expuesto reiteradamente en http://pauhortal.net/blog/catalunya-algunas-evidencias/ y en http://pauhortal.net/blog/catalunya-una-vision-probablemente-equivocada/ Tenemos que reconocer y ser conscientes de que el esfuerzo que habrá que hacer para coser la fractura social, que sin ningún género de dudas se ha producido entre Catalunya y España, será de órdago. No sé si existe el doble o triple órdago, pero en estas estamos. Un trabajo que vamos a tener que hacer (entre TODOS) sea cual sea finalmente el resultado electoral y el gobierno que surja de él.

Hace tan solo 3 meses (21 de Septiembre) La Vanguardia publicó un editorial accesible en el link http://www.lavanguardia.com/opinion/20170921/431436188391/llamamiento-a-la-serenidad.html en el que expone la afirmación siguiente: “Queremos manifestar nuestro pleno respeto a las instituciones catalanas, amparadas por la Constitución y el Estatut, y nuestra adhesión al autogobierno. Y desde ­esta posición pedir serenidad a todos y la apertura ­inmediata de un marco de diálogo”. Parece que este editorial está escrito con la vista fijada en el publicado el día anterior (20 de Septiembre) por El País https://elpais.com/elpais/2017/09/19/opinion/1505844014_200320.html en el que este medio exigía el restablecimiento del orden constitucional con argumentos como los siguientes: “La legalidad democrática está por encima de la política, las opiniones y las emociones. Promover o apoyar una rebelión contra un Estado democrático en la Europa del siglo XXI es una ofensa a la libertad de los ciudadanos, a la convivencia entre ellos y a sus derechos más inalienables. Frente a la demagogia imperante, esparcida por algunos oportunistas líderes políticos y los aprendices de brujo de la Generalitat, es preciso poner de relieve que no hay tensión entre democracia, legalidad y legitimidad. Los tres conceptos caminan juntos y no puede ser de otra manera en una democracia establecida y sólida como la española”.

Ambos medios (y nadie se atrevería a afirmar, creo, que La Vanguardia haya destacado por una posición favorable al independentismo en este proceso) hacen la misma solicitud (restablecer el orden constitucional) pero desde perspectivas diametralmente diferentes. Una contraposición que no es más que una muestra de la pervivencia de la dicotomía entre ELLOS y NOSOTROS. En otras palabras la posición de EL PAIS (manifestada por otra parte de forma reiterada en su linea editorial) no es más que una versión formalmente moderada, sosegada y no agresiva, del “A POR ELLOS”, y por tanto una muestra más de que la ruptura existe, permanece y es cada vez más profunda. 

Si…. estamos viviendo una tensión entre “democracia, legalidad y legitimidad”. Una tensión que históricamente hemos resuelto de forma violenta y que no parece que seamos capaces de resolver (en pleno siglo XXI) a través de formatos más civilizados. Las afirmaciones (que incluso podría calificar de insultos) que se formulan en el texto de EL PAIS contra la clase política catalanas son inaceptables desde el punto de vista de resolución del problema. No dejan de ser una muestra más del «A POR ELLOS» y de que seguimos anteponiendo los conceptos “NOSOTROS Y ELLOS” al de TODOS.

He vivido, reflexionado y escrito sobre todo lo ocurrido en Catalunya de forma intensa.  Recuerdo que mi primer post sobre este tema http://pauhortal.net/blog/preguntas-sin-respuesta/ es de Diciembre del 2009. Durante este tiempo he formulado un conjunto de argumentos e ideas (desde una posición estricta de ciudadano preocupado y comprometido con la realidad que vivo) a los que no renuncio y a los que os invito a acceder simplemente escribiendo “Cataluña” en el buscador de mi blog. Tengo que reconoceros, sin embargo, que nunca llegué a imaginarme que llegáramos a tener que convivir con lo que estamos viviendo. Y me consta que esta incredulidad es compartida por muchos otros catalanes y no catalanes “moderados” preocupados por el encaje de Catalunya en el contexto español y europeo.


Porqué, aunque parezca a menudo muy difícil de entender, en el fondo muchos esperábamos que hubiese alguna posibilidad de acuerdo o pacto entre las partes.


Ya que en el fondo creíamos que nuestros líderes (desde la clase política hasta el resto de entornos con influencia social) serian capaces de dejar de pensar y actuar en modo “conquista” o de “ganadores-perdedores”. Algo que lamentablemente se ha mostrado imposible. 

Todo lo que hemos vivido no hace más que evidenciar la incapacidad para afrontar y encarar las alternativas a un problema que sigue latente y que no quedará resuelto, sea cual sea el resultado electoral de hoy. En función de cual sea el resultado el problema podrá quedar mas o menos latente, dormido pero seguirá ahí. En este sentido (y refiriéndome a la responsabilidad de los líderes del proceso independentista porqué no toda la responsabilidad reside en el gobierno central ni en los políticos catalanes no soberanistas) creo interesante destacar los planteamientos que hace pocos días Jordi Graupera formulada en El Nacional.

Su visión es la de que los los líderes soberanistas nunca llegaron a creer en la posibilidad de que proceso independentista llegara a buen puerto. Lo que hicieron fue generar una presión en sí mismos y en su entorno con la consecuencia, por todos ya conocida, de llegar a “un escenario en que se ha declarado la independencia sin tener nada a punto ni haber pensado qué implicaba quererla hacer efectiva. Todo el mundo pensó que el otro saltaría del coche antes, o que el Estado le estropearía el invento. Y al final, condenados a la ignorancia de las razones del otro, (lo ocurrido no fue más que una caricatura de) Thelma y Louise, (con) el coche volando sobre el abismo”. Unos argumentos a los que podéis acceder en  https://www.elnacional.cat/es/opinion/jordi-graupera-lista-unitaria-error-inmenso_211254_102.html

No nos engañemos. Estamos en un abismo. Como afirma alguien de mi entorno «nos encontramos con el peor escenario posible» en el que hemos de ser conscientes de las dificultades que tendremos para salir de él. Un abismo desde el que, al margen de las costuras rotas que será muy difícil arreglar, son claramente visibles el resto de retos que tenemos por delante: (globalización, transformación digital, desigualdad social, envejecimiento de la población, cambio climático, etc). Unos retos que exigen una posición concertada entre TODOS. Un abismo del que no saldremos ni con buenas intenciones ni manteniendo las dinámicas que tanto han aflorado en todo el «procés». Una situación que nos exige un cambio de actitud individual y colectiva distinta que nos permita salir de la situación de “coitus interruptus” a la que  reiteradamente me he referido en los últimos años como la del peor escenario. Una situación en cuya génesis TODOS tenemos alguna responsabilidad y en la que TODOS deberemos trabajar para superarla.

Si TODOS somos responsables, TODOS debemos cambiar en algo para hacer posible el cambio. Hemos de seguir viviendo JUNTOS, hemos de seguir relacionándonos colaborando y gestionando JUNTOS nuestras realidades, necesidades y futuro. ¿Podemos hacerlo en este contexto? ¿Alguien está convencido que todo quedará resuelto hoy? Espero que finalmente TODOS (empezando por la clase política) tengamos la clarividencia para abandonar la idea de ganadores/perdedores y de dotarnos de la inteligencia, la flexibilidad, el criterio y el sentido común para JUNTOS buscar nuevas alternativas. 

Pero ello exige, cicatrizar y coser las heridas, partiendo de una nueva posición de igualdad, sin vencedores ni vencidos. Una posición que nos permita pensar en lo que tenemos que hacer entre TODOS para establecer mecanismos que nos permitan seguir conviviendo JUNTOS.


Nota final (escrita el sábado 23/12 por tanto después de conocer los resultados)

Los resultados del 21/D (y los electores podemos estar equivocados pero recordemos que de esto va la democracia con todas sus imperfecciones) muestran desde mi punto de vista que: A pesar de que ha habido una participación record (lo que por otra parte no ha de ser cuestionable) el bloque «soberanista e independentista» mantiene sus posiciones. El PP paga los platos rotos en el bloque «constitucionalista», bloque en el que además se ha producido un trasvase de voto que no parece que pueda consolidarse a medio plazo (pero cosas más complicadas se han visto). La caida de la CUP muestra que tiene un techo electoral limitado y que los resultados alcanzados en las anteriores elecciones fueron una anomalía….. etc.

Desde mi punto de vista todas estas hipótesis (y algunas más que no creo necesario destacar) eran perfectamente deducibles (a pesar de la sorpresa que sobre el resultado final han mostrado algunos) y están en línea a los argumentos del post y a los mensajes que he lanzado a quien me ha preguntado sobre los escenarios futuros. Ahora bien lo más grave es que las reacciones por parte de quienes tienen la responsabilidad de «arreglar las cosas» no parece que estén alineadas con lo planteamientos de «cicatrizar y coser las heridas» que formulo en el post. Dicen que la esperanza es lo último que debe perderse.