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La transformación que estamos viviendo gracias a la IA, tal como propone Matt Shumer en https://shumer.dev/something-big-is-happening es radical, pero será desigual.

Algunos sectores se verán afectados antes que otros. El trabajo de oficina, la programación, el diseño gráfico, el análisis de datos, incluso partes del derecho o la medicina están siendo impactados directamente con cambios sustanciales en los roles y actividades que desarrollan las personas. Pero también surgirán nuevas profesiones o actividades.

En el primero de los posts de esta serie afirmaba que el reto que tenemos por delante no tiene sólo una dimensión tecnológica, Es humano, es cultural, es de modelos mentales. Necesitamos tomar consciencia de ello para ser capaces de darle la respuesta adecuada.

He aquí algunas recomendaciones que os formulo en respuesta a la pregunta ¿Cómo prepararnos?

Experimentemos y avancemos. No usemos la IA solo para tareas simples. Debemos aprender a usarla y conocer sus límites y debilidades.

Hemos de invertir en acceso. Las versiones gratuitas son útiles, pero las premium ofrecen capacidades exponencialmente superiores. Es una inversión no un coste.

Rediseñemos los procesos. No se trata de añadir la IA como un paso más. Rediseñemos los procesos sobre la base de cuestiones como: “¿Qué partes puedo delegar a la IA? ¿Qué partes requieren mi toque humano?”

Fomentemos la alfabetización y el aprendizaje en IA. Si lideramos un equipo, no basta con dar licencias. Hay que formar, experimentar juntos, crear una nueva cultura modificando los marcos mentales de nuestros colaboradores.

La IA comete errores, puede alucinar, tiene sesgos. El juicio humano y la capacidad de formular preguntas siguen siendo elementos esenciales para verificar, contextualizar y las decisiones finales.

Estamos entrando en una nueva era. No será fácil. Habrá resistencia, miedo, desigualdad. Pero también habrá oportunidades para quienes estén dispuestos a aprender, adaptarse, crear y crecer con estas nuevas herramientas. Algo grande está pasando. No es un rumor. No es una falacia. Es real. Y la mejor forma de no ser superados por ella es empezar a caminar ahora, con los ojos bien abiertos. Pero aquí es donde quiero añadir algo que Shumer no dice, pero que vivimos en proyectos como https://fundacionergon.org/empledata La revolución no será sólo técnica. Será humana. Será ética. Será de confianza.

Porque sí, la IA puede generar código, redactar informes, diseñar interfaces. Pero también puede tomar decisiones opacas, perpetuar sesgos, excluir a quienes no tienen acceso, El verdadero reto no lo que la IA puede hacer (porque puede hacer mucho y solamente estamos en los inicios) sino cómo lo hace: y en este cómo están implícitos los conceptos de equidad, justicia, seguridad y transparencia.

Y eso es exactamente lo que intentamos hacer y promover desde la Fundación Ergon. No queremos ser sólo construir un “espacio de datos” sino construir un espacio de confianza. Un lugar donde los datos sobre empleo, formación y competencias no estén atrapados en silos, sino que circulen con seguridad, respeto y propósito. Donde un orientador pueda ver el mapa real de habilidades de una persona, no sólo su CV y con ello cuestionar objetivamente sus intereses, motivaciones y acciones y proponer recomendaciones. Donde un reclutador/empresa pueda acceder al talento disponible basándose en lo que alguien sabe hacer, de sus competencias reales, no en el título que tenga. Donde las políticas públicas se diseñen con evidencias, y no en base a intuiciones.

Hace poco, una orientadora me contó que lleva años anotando a mano en sus cuadernos de trabajo las competencias de las personas que atiende, porque los sistemas no lo permiten. “Tengo más información útil en mis cuadernos que en la base de datos de mi organización”, me dijo. Eso es el caos que queremos transformar con el proyecto EmpleData. Pero no es solo tecnología. Es un contrato social. Gestionaremos y compartiremos datos con reglas claras, con soberanía, con ética, con la persona en el centro.

Y en medio de todo esto, está la IA. No como una amenaza, sino como una aliada. Imaginemos un asistente que, con las debidas seguridades y previa autorización pueda analizar tu trayectoria, detecte tus habilidades ocultas, y te recomiende formación o empleo con precisión. No como un algoritmo frío, sino como un compañero de viaje. Eso es posible. Pero sólo si construimos los cimientos con sentido. Por eso, mi llamada a la acción no es solo “usemos la IA ya”. Es: usémosla con criterio, con ética, con propósito.

No se trata de tener miedo. Se trata de estar despierto. De dejar de ver la tecnología como algo externo, y empezar a verla como una extensión de nuestras decisiones colectivas. ¿Cómo empezar?. La respuesta es probando/experimentando, analizando y reflexionando, y colaborando con criterio y transparencia.

La transformación será desigual. Algunos sectores se verán afectados antes. Habrá empleos que desaparezcan, otros se transformarán y otros nacerán. El futuro no está escrito. Está en nuestras manos y en las decisiones que tomemos hoy sobre cómo usamos la tecnología, cómo compartimos la información, cómo tratamos a las personas.

Algo grande está pasando. Sí. Pero no es sólo la IA. Es la oportunidad de construir un sistema de empleo más justo, más inclusivo, más humano. Donde la tecnología no reemplace al ser humano, sino que lo libere para lo que mejor sabe hacer: conectar, crear, cuidar, decidir. En la Fundación Ergon apostamos por esta visión. No porque sea fácil, sino porque es necesaria.

Y mi invitación, desde este rincón del blog, es sencilla: no podemos quedarnos mirando. El cambio no viene hacia nosotros. Lo construimos entre todos.