Los que me seguís con regularidad sabéis que estamos en la Fundación Ergon reflexionando de forma permanente sobre el impacto de la IA en el empleo y particularmente en su gestión.
Y que personalmente he escrito en el blog en las pasadas semanas sendas reflexiones sobre dos artículos cuya referencia tenéis al final de este artículo. El primero de Matt Shumer, “Something Big Is Happening”. con una demanda personal: “Esto no es futuro. Está pasando. Y si no lo ves, te va a pillar”. Relataba cómo una IA creó una aplicación completa sin su intervención. No era un experimento, era una revelación. Un antes y un después.
El segundo de Enrique Dans, es todo lo contrario: sereno, basado en datos del Center for Economic and Policy Research (CEPR), titulado “Inteligencia artificial en Europa: más productividad, menos ruido… y una brecha que crece en silencio” que aunque esté referido al entorno europeo sus conclusiones tienen una validez global. Sólo voy a citaros un dato que parece objetivo y es ciertamente relevante: las organizaciones que adoptan IA ganan un 4% de productividad. Pero no todas lo hacen. Y esa diferencia no se grita. Se acumula en silencio.
Al principio, pensé que eran visiones opuestas. Una, emocional. La otra, racional. Pero cuanto más he pensado sobre ellas, más claro he visto que no se contradicen: se complementan. Shumer nos muestra el potencial exponencial de la IA: lo que puede hacer hoy un modelo avanzado cuando se usa con profundidad. Es el extremo del iceberg que emerge. Dans nos muestra el impacto real: cómo esa tecnología se adopta de forma desigual, amplificando ventajas, dejando atrás a quienes no tienen acceso, formación o capacidad de integración. Es la base del iceberg, sumergida.
Juntos, dibujan un panorama mucho más completo: Sí, algo grande está pasando, pero no para todos al mismo tiempo. Y ese desfase es, en sí mismo, el mayor riesgo.
Shumer nos llama a actuar: Usemos la IA, en serio, en profundidad, ¡Ahora! Es un consejo individual, urgente, centrado en la supervivencia profesional. Dans nos invita a mirar más allá: Probemos y observemos: quién adopta, quién no, cómo y por qué. Es una llamada colectiva, estructural, de justicia tecnológica.
Y en ese cruce, surgen una serie de cuestiones: ¿Cuáles son los ámbitos que deberíamos de analizar?, ¿Qué preguntas deberíamos estar haciéndonos ahora? ¿Y cuáles son las respuestas? Porque en momentos de cambio acelerado, las respuestas se vuelven obsoletas rápido. Pero las preguntas bien formuladas nos orientan, nos obligan a mirar más allá del ruido, a repensar lo esencial.
Pues bien…. Desde la perspectiva de los temas que me/nos interesan personalmente y en la Fundación y con los conocimientos y experiencia que vamos adquiriendo en el desarrollo del proyecto EmpleData, creo que deberíamos ser capaces de responder —no mañana, sino ya a las siguientes:
- ¿Qué mecanismos establecemos para que en la adopción de IA no se amplifiquen las desigualdades sociales, sino que éstas se reduzcan? Porque no se trata de frenar la innovación (esto es imposible) sino de diseñarla y aplicarla con una perspectiva inclusiva desde sus inicios.
- ¿Qué infraestructuras de datos, ética y gobernanza necesitamos para que la IA de respuesta a las necesidades y demandas sociales? Porque sin datos interoperables, con estándares comunes y soberanía colectiva (en manos de los intereses privados) la IA será un motor de fragmentación.
- ¿Cómo redefinimos la formación y el aprendizaje para que nos prepare para su uso y para que adquiramos las competencias y habilidades necesarias en el nuevo contexto? El futuro no es “trabajar con IA”. Es saber qué pedirle, cómo verificarlo, conocer sus límites conocer sus posibilidades y establecer límites que no actúen frenando su desarrollo.
- ¿Qué hacemos con el “primer peldaño” del empleo, que la IA está evaporando antes de que tengamos alternativas? Si las tareas de entrada se automatizan, ¿cómo facilitamos el acceso al empleo de las nuevas generaciones? ¿Y cómo evitamos que la experiencia se convierta en privilegio?
- ¿Quién define los límites? ¿Y quién se encarga de que se cumplan? Porque la tecnología no tiene ética. La construimos nosotros. Y si no lo hacemos, serán otros -con otros intereses- quienes lo hagan.
Estas preguntas no tienen respuestas fáciles. Ni inmediatas. Pero son las que deberían guiar nuestras políticas, nuestras inversiones, nuestros proyectos y acciones tanto a nivel estratégico como en el día a día. Unas cuestiones que en EmpleData las llevamos en el bolsillo cada día. No porque tengamos las soluciones, sino porque sabemos que, sin hacerlas, cualquier avance tecnológico será, al final, un paso atrás.
Así que, por ahora, no voy a dar respuestas. Os dejo las preguntas, aunque os prometo que voy a enfrentarme a ellas próximamente. Porque en tiempos de cambio, la claridad no está en saber qué viene. Está en saber qué debemos preguntarnos.
PD.. Estas reflexiones se han desarrollado a tenor de los argumentos que han planteado recientemente Matt Shumer y Enrique Dans en sendos artículos que encontraréis en https://shumer.dev/something-big-is-happening y https://www.enriquedans.com/2026/02/inteligencia-artificial-en-europa-mas-productividad-menos-ruido-y-una-brecha-que-crece-en-silencio.html respectivamente.
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