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La crisis que aún vivimos (aunque podamos entrever un horizonte de salida) nos ha colocado ante la necesidad de tomar decisiones. Hay algunas elecciones imperativas que hemos de abordar si o si. 

En definitiva, si no queremos ser superados por la marabunta, debemos ser capaces de acertar en las elecciones siguientes:

Control o Confianza.

Consideremos, por ejemplo, el hecho de lavarnos las manos con jabón. Ha sido uno de los mayores avances de la historia de la higiene humana. No es necesario recordar la importancia de la limpieza en los actos médicos y que esta relevancia no se constató hasta el siglo XIX. Hoy, casi todos los seres humanos lo tenemos como un hábito vital mas, no porque tengamos miedo de la «policia sanitaria» sino porque entendemos la relevancia del hecho. Me lavo las manos con jabón porque me preocupa la limpieza corporal, porque me he adquirido la costumbre de hacerlo y porque hago caso de las recomendaciones que se han formulado por las autoridades sanitarias en estos tiempos de pandemia. Para lograr tal nivel de cooperación se precisa confianza.

Necesitamos confiar en la ciencia, las autoridades públicas y los medios de comunicación. En los últimos años, hemos visto como se ha ido deteriorando la confianza en la clase política. No podemos permitir que renazca la senda del autoritarismo, argumentando que no somos merecedores de confianza y de hacer lo correcto.

La confianza pérdida o erosionada durante años no puede reconstruirse de la noche a la mañana. Sin embargo, no son éstos tiempos normales. En un momento de crisis, las mentes también pueden cambiar con rapidez. Podemos mantener amargas discusiones con personas de nuestro entorno durante años, pero cuando ocurre alguna emergencia descubrimos de repente una reserva oculta de confianza y amistad, y corremos a ayudarnos mutuamente. No cabe duda de que debemos hacer uso también de las nuevas tecnologías, pero esas tecnologías deberían empoderar a los ciudadanos. Podemos estar a favor de que se impongan determinados controles personales de carácter médico. Pero esos datos deberían de estar controlados y sólo usarse para los objetivos de salud pública. 

Aislamiento o cooperación.

Tanto la propia epidemia como la crisis económica resultante son problemas que no conocen de fronteras. Sólo pueden resolverse eficazmente mediante una cooperación de carácter global que, por cierto, estamos todavía muy lejos de alcanzar. Para superar la pandemia precisamos desde compartir la información hasta los remedios o vacunas para su tratamiento. Debemos ser capaces de aprovechar adecuadamente las capacidades humanas de comunicación y aprendizaje para derrotar a un contrario que no conoce ni de fronteras ni de ideologías.

Debemos de estar dispuestos a compartir información de forma abierta, buscar humildemente asesoramiento, y ser capaces de confiar en los datos y las ideas que recibimos de los otros. De la misma forma, de nada nos va a servir que consigamos erradicar la pandemia en las sociedades más desarrolladas si no dedicamos los esfuerzos necesarios para doblegar al virus hasta en el último rincón de la tierra.

Pensar a corto o visión a largo plazo.

La cooperación mundial es esencial también para tener una visión en el largo plazo. Dada la naturaleza global de la economía y las cadenas de suministro, si solo nos preocupamos del corto plazo el resultado final será el caos y el agravamiento de la crisis. Necesitamos planes de acciones a medio, largo plazo de aplicación global y los necesitamos con urgencia. Podríamos ser capaces de poner muchos ejemplos al respecto: Desde la necesidad de dotarnos de personal médico suficiente, hasta el esfuerzo por disponer y administrar las vacunas, hasta una estrategia común relacionada con la reducción de los viajes y los contactos no esenciales. En todos ellos necesitamos confianza, cooperación y pensar a largo plazo.


Esperemos que todo lo bueno que hemos avanzado en este periodo (que en situación normales no habríamos conseguido probablemente en 10 años) se consolide como rutina social y que seamos capaces de superar las tensiones para volver a los errores que cometíamos en la normalidad anterior a la pandemia.


Toda crisis es una oportunidad. Esperemos que las elecciones que hagamos en los temas referenciados sean las adecuadas y que como humanidad nos demos cuenta del peligro que se deriva de la desunión y la falta de cooperación.

Nota: Final. Como resulta evidente este post esta claramente inspirado en el pensamiento de Yubal Noah Harari que como muchos pensamos es quién más y de forma más coherente ha pensado y reflexionado sobre los retos que tenemos como especie en estos inicios del siglo XXI.