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Esta misma semana se cumplen 4 años desde el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania.

En Mayo del 2022 escribí un post basándome en las ideas que Xavier Más de Xaxas formulaba tanto en su libro “El árbol del mundo” como en el artículo de la Vanguardia titulado “Junto a los que resisten en Khàrkif”.

He decidido escribir de nuevo sobre esta “guerra” por varios motivos: El primero porqué han transcurrido ya 4 años, el segundo por el dato de que ha generado (según todos los indicios) 2M de muertos y el tercero como consecuencia del impacto generado por un nuevo artículo publicado también en la Vanguardia este domingo titulado “Ucrania resiste frente a lo imposible” y en el que haciendo referencia a la experiencia que le transmite April Hugget una voluntaria canadiense que lleva casi desde el inicio del conflicto en el Donbass escribe lo siguiente “A la pregunta de por qué arriesga su vida responde con otro desafío a la lógica: -por qué cada uno de nosotros tenemos el poder de cambiar las cosas y debemos intentarlo aunque creamos que es imposible. No esperemos a que nuestros gobiernos hagan lo que deban de hacer porqué nunca lo hacen

Nadie con dos dedos de frente pudo imaginarse que la guerra seguiría 4 años después y que se alcanzaría tal cifra de fallecidos. Una realidad que da más valor a lo escrito por Salvador en 2022. En Ucrania “La destrucción humana y física es masiva. La fuerza bélica ha eliminado los matices en los que arraiga la convivencia. Cuando el mundo está enfermo, como en Járkov, no importan la estrategia ni la política y, mucho menos, la ideología. Importa la libertad y la muerte porque el mundo de la guerra es binario, blanco o negro, héroes y cobardes”.

Un conflicto que al margen de no tener una solución fácil, unido a la llegada de Trump a la presidencia de los EEUU ha puesto encima de la mesa muchas cuestiones que hace tan sólo 5 años nos parecían claramente superadas y que nos demanda un compromiso que pocos están dispuestos a aportar.

Termino este comentario con otra referencia a lo escrito por Salvador: “¿Por qué lucháis, que valor tiene esta tierra que tanta sangre exige? es la doble pregunta que hacemos a los militares y civiles que (nos) rodean. Las respuestas convergen en una idea básica, casi primitiva, más allá de la razón práctica: el valor supremo no es la vida, sino la dignidad”