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Las costumbres y creencias que tenemos dirigen nuestro modo de pensar, actuar y juzgar. A continuación, os voy a proponer una serie de falsas creencias que, con total seguridad, pueden actuar como frenos en el desarrollo de una trayectoria profesional.

Las falsas certezas pueden convertirse en frenos invisibles de nuestro desarrollo. No son los títulos que no tienes, no son circunstancias derivadas de la situación del mercado de trabajo. No son factores como edad, sexo, territorio, sector. Puede actuar como freno a una trayectoria profesional sólida y con sentido: creencias profundas, aprendidas y raramente cuestionadas, que nos condicionan. No suelen ser conscientes, pero gobiernan nuestro comportamiento como si fueran leyes naturales.

Hoy quiero ponerlas encima de la mesa. No para que nos culpabilicemos sino para que una vez reconocidas seamos capaces de identificarlas, nombrarlas ty empezar a desmontarlas:

1. Dudar de tus propias capacidades

Todos tenemos capacidades infrautilizadas. El problema aparece cuando la duda se convierte en identidad. Esta creencia se manifiesta cuando podemos rechazar nuevas responsabilidades porqué no “estamos preparados” nos sobrecargamos de trabajo para mostrar nuestra valía, acumulamos certificados, diplomas y/o títulos porqué nada es suficiente. Optamos a opciones profesionales o participamos en procesos de selección que no encajan ni con nuestras competencias y/o motivaciones.

Paradójicamente esta certeza es común en personas ambiciosas, proactivas y muy exigentes consigo mismas. Personas que se agotan y que deberían de preguntarse: ¿lo hago porque me importa o porque necesito demostrar mi valor?

2. El autoengaño positivo

En el extremo contrario está quien se convence de que “todo está bien”, cuando en realidad está desconectado. Son personas que tienden a tener pocas relaciones con terceros que viven como “ermitaños” entre la gente. Personas que se preguntan constantemente: ¿Cuál es mi lugar? ¿Dónde encajo realmente? Son personas que buscan pertenencia sin exponerse ni mucho menos asumir riesgos y que obtienen como resultado el desarrollo de una trayectoria plana, sin conflicto… ni evolución.

3. “El objetivo es imposible”

Esta creencia aparece cuando todo lo malo que ocurre siempre es culpa de otros. Es perfectamente constatable cuando nos relacionamos con profesionales que quieren crecer pero que no se preparan, se plantean estrategias equivocadas, “van de caza con perdigones” (disparan en todas direcciones) y que pierden rápidamente la autoestima por qué no consiguen alcanzar los objetivos que se proponen. Terminan siendo profesionales quejosos de todo, que ven enemigos donde no los hay, que tienen una desconfianza sin sentido respecto a los reclutadores y que tienen la sensación de ser discriminados permanentemente y que olvidan que la atracción profesional se fundamenta en la suma de capacidad, enfoque, preparación, trabajo y mentalidad positiva. Cuando esta creencia manda, cualquier intento se vive como una amenaza. No hay exploración, solo resignación.

4. Falta de control

Un aspecto que normalmente se produce cuando actuamos desde entornos de necesidad. Son profesionales que quieren controlarlo todo: a uno mismo, a los demás y al entreno. Sólo ven dos opciones rechazo o aceptación. Profesionales que tienden a aceptar ofertas por debajo de su capacidad y con malas condiciones.

5. “No soy capaz”

Esta creencia repetida y transversal es la base del síndrome del impostor y del perfeccionismo. Aparece incluso después de una trayectoria exitosa y se muestra por el miedo al error, no aceptación de la crítica y el bloqueo en determinadas situaciones.

Adopta dos formas muy distintas. En primer lugar, se trata de personas que tienden a subestimarse a sí mismas, lo que les lleva a sentir que no tienen capacidades para el crecimiento y que siempre candidatos mejores o con mayores posibilidades de acceder a los mejores puestos. Personas que finalmente se frenan ante la creencia de que “No vale la pena. Hay otros mejores.” Ahí no falta talento. Falta desmontar la creencia raíz.

6. “No soy perfecto/a”

Muy común en las personas que tienen un nivel de autoexigencia extrema y que no admiten el error. Se traduce en rigidez, control excesivo y desgaste del equipo y por la tendencia a ver siempre lo negativo. Es necesario preguntarse si lo que nos motiva a la acción es la búsqueda de la excelencia o el miedo al error.

7. “No se valora el trabajo que estoy haciendo?

Es muy común en entornos profesionales que no encajan con las motivaciones o intereses personales. Se trata de personas que llevadas por alguna exigencia han aceptado ofertas que no encajaban por urgencia, miedo, y que están en un claro proceso de desconexión. Las señales son claras y van desde el bajo nivel de compromiso, indecisión constante, rendimiento bajo, insatisfacción permanente.

El verdadero origen

Estas no son verdades. Son mecanismos de protección que nos impactan y nos impiden alcanzar lo mejor de nosotros mismos. La vida profesional es eso: olas, intentos, retrocesos y nuevos comienzos. El verdadero riesgo no es caer. Es no medir nunca la ola por miedo a entrar al agua.