El año pasado por estas mismas fechas os recordaba esta frase de Jose Luis Borges “El futuro no es lo que va a ocurrir, sino lo que vamos a hacer.”
Doce meses después, me reafirmo en ella, aunque este año me haya decantado por un mensaje propio y que considero más directo: “Que en 2026 construyamos puentes y no muros” El futuro no se espera: se construye. Pero a medida que a medida que seguimos dedicados a conflictos sin sentido, que no prestamos atención a lo más relevante y que los datos impregnan todos los ámbitos de la vida esta construcción se vuelve más compleja y urgente.
Vivimos un tiempo en el que los cambios ya no se anuncian: suceden. Y, sin embargo, seguimos tentados a mirar el pasado o a refugiarnos en la inmediatez. Frente a ello, necesitamos fortalecer nuestras capacidades críticas, nuestro juicio ético y nuestra visión de largo plazo. No basta con adaptarse: tenemos que aprender a anticipar el futuro y el que tenemos por delante es cuanto menos de color gris.
Por eso, este año mis peticiones a los Reyes Magos vuelven a organizarse en tres niveles —global, institucional y personal— pero con un hilo conductor común: la responsabilidad de canalizar la transformación tecnológica hacia el bien común.
Mis peticiones de carácter global se centrar en disponer de/de la:
- Sabiduría colectiva para gobernar la inteligencia artificial, no desde el miedo, sino desde la ética y el sentido de justicia.
- Voluntad social y política para redistribuir los beneficios del progreso tecnológico, garantizando que la innovación reduzca —y no amplíe— la desigualdad.
- Coraje para abordar los conflictos internacionales y las migraciones con una visión de humanidad compartida, recordando que no hay algoritmo que sustituya la empatía.
- Compromiso con la educación y la cultura digital, asegurando que nadie quede al margen del conocimiento ni de las oportunidades que surgen.
- Capacidad de cooperación entre países, instituciones y personas, para que los espacios de datos, la ciencia y la tecnología sean motores de solidaridad y no de competencia ciega.
Mis peticiones referidas a la Fundación Ergon se centran en disponer de la capacidad para:
- Seguir impulsando el pensamiento crítico y la innovación en la gestión del empleo, promoviendo un diálogo entre tecnología y valores humanos.
- Consolidar EmpleData como un espacio de referencia para conectar empleo, talento e inteligencia artificial con transparencia y propósito social.
- Reducir inercias institucionales y culturales avanzando hacia modelos más colaborativos, donde los actores públicos, privados y sociales colaboren y compartan datos, conocimiento y visión.
- Trabajar para colocar a la empleabilidad y las competencias en el centro, de las políticas de empleo fortaleciendo la conexión entre educación, trabajo y bienestar.
- Cultivar la lucidez para no confundir transformación con ruido ni eficiencia con deshumanización.
Y en cuanto a los aspectos personales mis deseos se dirigen a:
- Mantener la salud, la serenidad, la curiosidad y la motivación para seguir aprendiendo. La edad enseña que el futuro no es una promesa, sino un ejercicio cotidiano de equilibrio entre lo que somos y lo que aún podemos llegar a ser.
- Disponer de tiempo: Tiempo para pensar, para conversar, para construir juntos ese futuro que, como dijo Borges, depende de lo que decidamos hacer.
Recordemos que finalmente 2026 debería ser el año en el que construyéramos puentes y no muros.
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