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En mi propósito de mejorar mi conocimiento sobre la Inteligencia Artificial y como conclusión a los post que he escrito a lo largo de las últimas semanas le he formulado en concreto a ChatGPT la pregunta siguiente: ¿Y tú quién eres?

Y su respuesta ha sido: “La Inteligencia Artificial (IA) se refiere a la simulación de procesos de inteligencia humana mediante la programación de algoritmos en sistemas informáticos. Estos sistemas están diseñados para realizar tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana, como el aprendizaje, la percepción, el razonamiento y la toma de decisiones. El objetivo de la inteligencia artificial es crear máquinas capaces de realizar funciones cognitivas similares a las de los seres humanos”

Y concluye con los argumentos siguientes: “Dentro de la IA, hay diversas técnicas y enfoques, como el aprendizaje supervisado y no supervisado, el aprendizaje profundo, la lógica difusa, la visión por computadora, el procesamiento del lenguaje natural, entre otros. La inteligencia artificial se aplica en una variedad de campos, como la medicina, la robótica, la atención al cliente, los vehículos autónomos, la predicción del tiempo, la investigación científica, y muchas otras áreas”.

Unos razonamientos que creo de interés poner en relación con los que ha formulado Marc Andreessen (fundador de Netscape y de Mosaic) en los que propone el argumento siguiente: “la inteligencia artificial no quiere nada, no tiene metas, no quiere matarte, porque no está viva (…) es una máquina: no tiene más posibilidades de cobrar vida de las que tiene un tostador de pan


La gran cuestión que deberíamos de plantearnos es la de si la IA tiene o va a tener una capacidad de aprendizaje como la que tenemos los seres humanos.


Recordemos que el aprendizaje humano es un proceso continuo que desarrollamos a lo largo de nuestra vida mediante el cual adquirimos conocimientos, habilidades y valores. Un proceso que se fundamenta en la capacidad de nuestro cerebro de establecer nuevas conexiones neuronales adaptándose a las experiencias y observaciones que vivimos. Una definición del aprendizaje humano podría ser la siguiente: “es la consecuencia de la capacidad de nuestro cerebro de realizar deducciones apoyadas en las correlaciones observadas”.

Una respuesta que nos sitúa en un contexto que es mucho más “inteligente y humano” que los planteamientos que formula ChatGPT. “El aprendizaje es un proceso mediante el cual adquirimos conocimientos, habilidades, actitudes o comportamientos a través de la experiencia, el estudio o la enseñanza. Este proceso puede ocurrir de diversas formas y en diferentes contextos, ya sea de manera formal en instituciones educativas, de manera informal en la vida cotidiana o a través de la interacción con el entorno”.

Aunque la forma de aprender de las máquinas se puede llegar a parecer al aprendizaje humano no debemos olvidarnos de que no dejan de ser máquinas.  Recordemos que no tienen más intención que la que les han incorporado sus creadores, no tienen propósito ni metas ni objetivos más allá de responder a lo que les han dotado sus creadores, y no pueden por tanto “salir” de los entornos del código que las ha generado. Una herramienta que, por tanto no es “similar a la inteligencia humana” pero que en todo caso debemos de aprender a gestionar y utilizar.

Mientras tanto las tensiones sobre regulación o desregulación de la IA y sobre el sentido que debe de tener esta regulación están encima de la mesa. Recordemos que podemos frenar temporalmente determinados procesos pero finalmente los cambios van a ser imparables y por ello debemos intentar «aprender» sobre el impacto que va a generar en nuestras vidas, en las relaciones humanas, en la educación, en la sanidad, en el ocio y también en el empleo.

Hay quién puede llegar a pensar que sólo nos faltaba ahora tener que ocuparnos del impacto de una tecnología (machine learning) que ya todos conocemos como Inteligencia Artificial que no es “inteligente” en el sentido que le damos los seres humanos aunque sea capaz de gestionar la información, el conocimiento y formular correlaciones estadísticas avanzadas, ni “artificial” ya que no hay nada más natural en los datos con los que opera que, recordemos, y como no podía ser de otra manera, han sido generados por las actividades humanas.

Estamos aprendiendo a manejarnos con la IA y constatando los beneficios y los riesgos que comporta. Centrándonos en éstos tenemos que ser conscientes que su mal uso puede comportar y también de que modificará radicalmente nuestras vidas y las relaciones entre los seres humanos y el trabajo. Pero a pesar de todo, y aunque sea reiterativo con el comentario incorporado en los post anteriores, deberíamos de comprender que tenemos a nuestro alcance una tecnología que nos ofrece un sinfín de posibilidades para resolver muchos de los problemas con los que nos enfrentamos y seguir creciendo y desarrollándonos como especie.