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Recientemente un texto titulado “Something Big Is Happening”, escrito por el joven emprendedor tecnológico Matt Shumer, se volvió viral. No por su estilo grandilocuente, sino por su tono sincero, casi de advertencia personal.

El propio autor ha manifestado que lo ha redactado con objeto de que las personas de su entorno pudieran tener respuesta a la cuestión de “¿Qué está pasando con la IA?”. Su respuesta es francamente interesante. Solamente os dejaré una de sus afirmaciones: “Lo que están diciendo no hace justicia a lo que realmente está sucediendo”.

La semana pasada en una reunión del equipo de la Fundación Ergon www.fundacionergon.org que gestiona nuestro proyecto de Espacio de Datos en el ámbito del empleo hablábamos sobre interoperabilidad de datos, de estándares técnicos, de gobernanza. Y de pronto, uno de los participantes hizo el comentario siguiente: “Oye, Pau, no estamos desarrollando un proyecto de datos. Esto es una apuesta por la confianza”. Me quedé pensando. Porque tenía razón. EmpleData no es una base de datos más. Es un intento dirigido a promover la reconstrucción del tejido del sistema de empleo desde la raíz: con datos que hablen entre sí, con instituciones que colaboren de verdad, con servicios de calidad y eficientes dirigidos a personas para permitirles que recuperen el control de su trayectoria profesional. Y para ello necesitamos dos elementos: colaboración y confianza.

Y justo en ese momento, me llegó una notificación: el artículo de Matt Shumer, se había vuelto viral. Después lo leí de nuevo y sentí esa misma mezcla de urgencia y esperanza que vivimos en EmpleData cada día. Shumer no está exagerando. Algo grande, de verdad, está pasando con la inteligencia artificial. No es sólo futuro. Fue la confirmación de que hemos cruzado un umbral como muestra el hecho de que la automatización de tareas cognitivas complejas ya no es ciencia ficción. Es lo que está ocurriendo ya en muchos entornos empresariales y organizativos.

Tengo que reconoceros que lo que más me ha impactado del texto no son los elementos tecnológicos y ni tan sólo las previsiones que formula. Ha sido el tono. Un texto que se ha escrito para que fuera compresible para todos. “Esto no es para expertos. Es para todos. Y si no lo ves venir, te va a pillar de sorpresa”.

He releído el artículo en varias ocasiones. Más allá del primer impacto hoy me quedo con una sensación de urgencia que no puedo ignorar. No es miedo. Es conciencia. La de que estamos viviendo un momento de inflexión, similar a otros de los vividos por el ser humano, aunque con una velocidad y profundidad sin precedentes.

Shumer no especula sobre el futuro. Describe el presente. Relata cómo, recientemente, encargó a un modelo de IA avanzado la creación de una aplicación web completa. No le pidió solo el código. Le dio una idea, y le dijo: “Hazlo”. Lo que ocurrió a continuación fue lo que lo dejó helado. El sistema no solo generó el código, sino que lo ejecutó, lo probó, detectó errores, los corrigió, mejoró el diseño de interfaz y volvió con un producto funcional, pulido y listo para usar. Todo sin intervención humana. Sin correcciones. Sin supervisión constante. Fue un proceso autónomo de creación y validación. Y éste no es un caso aislado. Es la punta del iceberg de lo que está ocurriendo en las organizaciones que están a la vanguardia. La IA ya no es solo una herramienta de asistencia. Está empezando a actuar como un agente autónomo, capaz de planificar, ejecutar y verificar tareas complejas que antes requerían equipos humanos.

Vivimos en burbujas. Mientras algunos experimentan estos cambios radicales, otros (probablemente entre los que me incluyo) seguimos visualizando la IA como una herramienta para, como mucho, incrementar nuestra eficiencia profesional.  La brecha entre lo que es posible y lo que se percibe es enorme. Y peligrosa.

Shumer lo compara con febrero de 2020. Muchos vieron las noticias sobre un virus en Wuhan, pero pocos entendieron que estábamos a semanas de una catástrofe mundial. Hoy, muchos vemos titulares sobre “nuevos modelos de IA”, pero no sentimos aún el temblor. No somos conscientes de cómo está empezando a transformar industrias enteras, desde el software hasta la educación, la medicina o la movilidad etc.

El mercado ya lo está constatando. En solo una semana, el valor de capitalización de empresas tecnológicas se desplomó en un billón de dólares. No por una crisis económica, sino por el temor a una obsolescencia acelerada. La pregunta ya no es si la IA cambiará el trabajo. Es cuánto, y cuán rápido. Pero no todo es desolación. Shumer insiste: este no es un mensaje de miedo, sino de preparación. Y su llamada a la acción es clara, práctica y accesible: ¡empecemos a usar la IA ahora, y en serio!

No se trata de probarla de vez en cuando. Se trata de integrarla en tu trabajo diario. De pagar por una suscripción premium no como un gasto, sino como una póliza de seguros contra la irrelevancia. De tratarla como un compañero de equipo, no como un juguete.

Los primeros en adaptarse no serán los que tengan más títulos o más experiencia, sino los que tengan más curiosidad y menos miedo. Serán los que entiendan que el valor humano ya no está en hacer tareas repetitivas, sino en definir problemas, ejercer el juicio, mostrar empatía y liderar procesos que la IA puede ejecutar, pero no concebir.

PD…. Encontrareis el artículo en el link https://shumer.dev/something-big-is-happening